1.5/5
Hay películas que sorprenden por su capacidad para llevar una idea hasta sus últimas consecuencias y otras que parecen incapaces de detenerse antes de que esa idea deje de tener sentido. Hope: El primer impacto pertenece, desafortunadamente, al segundo grupo.
Imaginen que están viendo una película de ciencia ficción y, de pronto, aparece un monstruo.
Hasta ahí, todo bien. Después resulta que hay extraterrestres. Bueno, la cosa se pone interesante. Luego descubrimos que hay más extraterrestres, que tienen su propia historia y que, además, los personajes que parecían protagonizar películas completamente distintas están conectados de alguna manera. Y justo cuando pensamos que por fin llegamos al desenlace, la película decide que todavía tiene mucho más que contarnos.
Ver Hope es, por momentos, como sintonizar la televisión interdimensional de Rick y Morty: nunca sabes qué estás viendo, qué clase de criatura aparecerá después ni cuánto tiempo falta para que termine el episodio. La diferencia es que, mientras la serie animada encuentra en el absurdo una herramienta para construir sátira, humor y reflexión, la película de Na Hong-jin parece perder el control de su propia imaginación.
Una película que no sabe qué quiere ser
El principal problema de Hope no es su extravagancia. El cine tiene espacio para las propuestas extrañas, las mezclas de géneros y las historias que desafían nuestras expectativas. El problema aparece cuando una película no consigue establecer las reglas de su propio universo ni encontrar un tono que permita que sus ideas convivan de manera orgánica.
A lo largo de su metraje, la película transita entre el thriller, el terror, la ciencia ficción, la comedia y el drama familiar. Sobre el papel, semejante combinación podría dar lugar a una experiencia cinematográfica fascinante. En la práctica, las transiciones terminan produciendo una sensación de desconcierto que no siempre parece intencional.Pensemos en Kung Fu Sion, de Stephen Chow.
Es una película que abraza lo ridículo, exagera sus situaciones hasta el extremo y transforma sus propias limitaciones narrativas en parte de su encanto. Sin embargo, detrás de sus disparates existe una identidad muy clara: sabemos que estamos ante una comedia de acción que utiliza el exceso como lenguaje.
Hope, en cambio, parece atrapada entre dos posibilidades. No se entrega por completo al absurdo como para convertirse en una experiencia deliberadamente desquiciada, pero tampoco mantiene la seriedad suficiente para que sus acontecimientos se perciban como parte de una historia de ciencia ficción convincente. Quiere provocar miedo, sorpresa, risa y asombro, pero no siempre encuentra la manera de pasar de una emoción a otra sin romper la experiencia.
El resultado es una película cuya ambición parece crecer mucho más rápido que su capacidad para organizarla.
El problema de contar demasiado
Con una duración cercana a las dos horas y cuarenta minutos, Hope tiene tiempo de sobra para desarrollar sus ideas. Paradójicamente, ese tiempo termina jugando en su contra.
La historia comienza construyendo un misterio alrededor de una amenaza desconocida. Sin embargo, conforme avanza, aparecen nuevas explicaciones, nuevos personajes y nuevas capas narrativas que van desplazando el centro de atención. Lo que inicialmente parecía ser el conflicto principal termina convirtiéndose en una pequeña parte de algo mucho más grande.Y aquí surge una pregunta importante: ¿realmente necesitábamos conocer tanto?
El problema no es que los extraterrestres tengan motivaciones, antecedentes o incluso un arco narrativo propio. Al contrario, desarrollar a los antagonistas puede enriquecer una historia. La dificultad está en integrar ese desarrollo dentro de una estructura que ya tenga dirección y propósito.
Cuando la película comienza a dedicar cada vez más tiempo a explicar el universo que ha creado, la amenaza inicial pierde fuerza y la narración empieza a sentirse como una sucesión de historias que compiten por nuestra atención.
A esto se suma la manera en que los personajes terminan conectándose. Algunas de las historias parecen avanzar de forma independiente, como si pertenecieran a películas distintas, hasta que la trama encuentra la manera de reunirlas bajo una conexión familiar. La idea podría funcionar, pero necesita una construcción dramática que permita que esas relaciones se sientan naturales. De lo contrario, la sensación es que estamos viendo cómo alguien intenta completar un rompecabezas con piezas de cajas diferentes.
Y por si fuera poco, el desenlace deja abierta la posibilidad de continuar desarrollando la historia de los extraterrestres. No es que los finales abiertos sean un problema en sí mismos; el problema es que, después de semejante recorrido, la película deja la impresión de que todavía está preparando el terreno para contar lo que realmente quería contar.
Hay una diferencia entre dejar preguntas interesantes y prolongar una historia que ya agotó la paciencia del espectador. Hope no siempre parece distinguir entre ambas cosas.
Cuando el espectáculo no consigue impresionar
Si la narración resulta irregular, el apartado visual tampoco consigue compensar sus debilidades.
El CGI es uno de los elementos más problemáticos de la película. Las criaturas y las secuencias que deberían transmitir una sensación de peligro o espectacularidad no siempre alcanzan la calidad necesaria para sostener la ilusión cinematográfica. En algunos momentos, los efectos se perciben tan poco convincentes que cuesta involucrarse emocionalmente en lo que está sucediendo.
Pero el problema va más allá de que una criatura se vea artificial. Los efectos visuales también deben integrarse con el montaje, la fotografía y el movimiento de los actores. Cuando una escena muestra a los personajes corriendo desesperadamente, pero la amenaza que supuestamente los persigue no se distingue con claridad o parece no corresponderse con sus movimientos, la tensión se pierde. Ya no sabemos exactamente de qué están escapando ni por qué deberíamos sentir miedo.
La puesta en escena, en general, resulta regular. Hay movimiento, criaturas, persecuciones y acontecimientos de gran escala, pero la acumulación de elementos no se traduce necesariamente en imágenes memorables. Una película puede tener un concepto visual enorme y, aun así, ofrecer una experiencia bastante convencional si no consigue materializarlo con precisión.Uno de los ejemplos más evidentes es la manera en que la historia presenta acontecimientos de dimensiones extraordinarias sin que sus consecuencias parezcan guardar una proporción convincente con lo que acabamos de ver.
Cuando una nave de semejante magnitud cae del cielo, el espectador espera que el acontecimiento tenga un peso físico y dramático acorde con su escala. Si el mundo parece continuar sin consecuencias suficientemente claras, la película debilita sus propias reglas.La ciencia ficción no necesita ser realista en todos sus detalles, pero sí necesita ser coherente con el universo que propone. De lo contrario, cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento y nada termina teniendo demasiado peso.
¿Comedia involuntaria o película de culto?
Es difícil hablar de Hope sin pensar en producciones como Sharknado, aunque la comparación requiere un matiz. No estamos necesariamente ante una película que persiga deliberadamente el mismo tipo de espectáculo absurdo, sino ante una obra cuyos excesos y limitaciones pueden producir una sensación parecida de incredulidad.
Hay algo divertido en contemplar una historia que continúa agregando elementos cada vez más disparatados. También hay momentos en los que el doblaje ayuda a hacer más llevadera la experiencia, especialmente cuando los diálogos describen las situaciones y contribuyen a que el espectador comprenda lo que está ocurriendo.
Esa ligereza puede hacer que una película tan extensa resulte menos tediosa de lo que podría haber sido.Sin embargo, convertir lo incomprensible en algo gracioso no equivale a resolver sus problemas narrativos. La comedia puede funcionar como una válvula de escape, pero también termina exponiendo la dificultad de la película para sostener la tensión y la seriedad que intenta construir.Quizá Hope pueda encontrar espectadores que disfruten precisamente de su naturaleza desbordada.
Vista desde otra perspectiva, su acumulación de criaturas, giros y situaciones imposibles puede adquirir cierto encanto de película de culto. Pero ese posible disfrute depende, en buena medida, de que el espectador esté dispuesto a aceptar sus excesos como parte de la experiencia, en lugar de esperar que todos sus elementos encajen.
Veredicto: demasiadas ideas, poca cohesión
Hope: El primer impacto no es necesariamente una película terrible. Tiene una premisa ambiciosa, una imaginación desbordada y suficientes elementos para despertar curiosidad. Su problema es que no consigue transformar todas esas ideas en una experiencia cinematográfica sólida.
La duración termina haciendo más evidentes sus problemas de ritmo; las conexiones entre personajes no siempre se sienten orgánicas; los efectos visuales restan fuerza a momentos que deberían resultar impactantes, y la mezcla de géneros nunca termina de encontrar un equilibrio convincente. Cada nueva revelación promete ampliar la experiencia, pero también aleja a la película de la historia que inicialmente nos invitó a seguir.
Al final, Hope se siente como un rompecabezas que alguien intenta completar a la fuerza, convencido de que todas las piezas deben encajar porque pertenecen a la misma caja. El problema es que, por más que insistamos, algunas simplemente no corresponden.
Quizá la película habría funcionado mejor con menos explicaciones, una estructura más contenida y una mayor confianza en sus ideas iniciales. No necesitaba ser más grande, más extraña ni más compleja. Necesitaba saber qué quería contar y, sobre todo, cuándo terminar de contarlo.
Porque la imaginación es una de las herramientas más poderosas del cine, pero no sustituye la coherencia, el ritmo ni la capacidad de construir una historia que merezca todo el tiempo que le dedicamos.




