4.0/5
Hay algo particularmente incómodo en Unabomber: desde sus primeros minutos sabemos quién es el responsable. No hay realmente un misterio alrededor de la identidad del hombre que durante años sembró el terror con sus bombas. Lo interesante debería estar en otra pregunta: ¿cómo llegó Theodore Kaczynski hasta ahí?
La nueva película de Netflix, dirigida por Janus Metz, intenta responderla alternando dos momentos de su vida: el Theodore joven, brillante y profundamente extraño, y el hombre que años después se convertiría en el Unabomber. La película pone especial atención en los experimentos psicológicos a los que fue sometido durante su juventud y en cómo estos pudieron influir en su posterior transformación.
Y ahí es donde encuentra su mejor material.
El niño que creemos que ya escondía algo
Uno de los aspectos que más me llamó la atención es cómo la película juega con nuestra percepción de Theodore.
Desde el principio sabemos que ese niño se convertirá en el Unabomber. Por eso, cada gesto, cada mirada y cada comportamiento adquieren un significado distinto. Lo que en otro personaje podría parecer simplemente rareza, aquí se convierte en una señal de alarma.
Pero Unabomber también plantea algo mucho más interesante: ¿estamos viendo realmente las señales de un futuro asesino o simplemente estamos interpretando el pasado porque ya conocemos el futuro?
La película aprovecha muy bien esa idea.
Theodore es presentado como un niño extremadamente inteligente, pero también como alguien que tiene dificultades para relacionarse con los demás. Conforme crece, esa inteligencia comienza a mezclarse con aislamiento, resentimiento y una visión cada vez más radical de la sociedad.
Y cuando finalmente conocemos sus ideas, hay algo todavía más inquietante: muchas de ellas no nacen de una estupidez absoluta.
Theodore no era un idiota.
Ese es precisamente el problema.
Su capacidad intelectual y su manera de interpretar el mundo terminan convirtiéndose en herramientas para construir una explicación cada vez más extrema de la sociedad. La película muestra cómo alguien puede tener una idea aparentemente estructurada y, al mismo tiempo, llevarla hasta consecuencias completamente monstruosas.
Del pasado al presente
La estructura de la película también me pareció uno de sus mayores aciertos.
Mientras seguimos al Theodore joven, la investigación del FBI intenta descubrir quién está detrás de los atentados. El montaje hace que ambas historias terminen dialogando entre sí: mientras nosotros conocemos al hombre que está detrás de las bombas, los investigadores todavía intentan descubrir quién es.
La investigación se apoya especialmente en el manifiesto del Unabomber y en el análisis de su escritura. En la historia real, el manifiesto fue fundamental para que su hermano David reconociera similitudes con los escritos de Theodore y contactara al FBI.
La película, sin embargo, toma varias libertades para convertir esa investigación en un thriller más tradicional. Por ejemplo, Joanne Miller, interpretada por Shailene Woodley, es una creación de la película y no una representación literal de una agente real.
Y aquí tengo sentimientos encontrados.
Entiendo por qué la película necesita condensar una investigación enorme para hacerla funcionar dentro de una historia de poco más de dos horas. Pero en algunos momentos se siente que necesita que la investigación avance más rápido de lo que la historia real permitiría.
¿Fue el experimento lo que creó al Unabomber?
Este es probablemente el tema más interesante de toda la película y también el que más cuidado requiere.
Los experimentos psicológicos realizados durante la etapa universitaria de Kaczynski fueron reales y forman parte importante de la película. Pero Unabomber juega deliberadamente con la posibilidad de que aquello haya sido uno de los detonantes de su transformación.
El problema es que existe una enorme diferencia entre mostrar una influencia y establecer una causa.
Y creo que la película es mucho más interesante cuando deja esa pregunta abierta.
Porque si la respuesta fuera simplemente “le hicieron esto y por eso se convirtió en el Unabomber”, estaríamos reduciendo a Theodore a una víctima de sus circunstancias.
Y no lo era.
El pasado puede ayudarnos a entender a una persona. Puede explicar ciertos comportamientos y mostrarnos de dónde vienen algunas heridas o ideas.
Pero entender a alguien no significa justificarlo.
Y creo que ahí está el punto más importante de la película.
El hombre detrás del monstruo
Lo que más me gustó de Jacob Tremblay es precisamente que no interpreta a Theodore como un monstruo desde el principio.
Lo interpreta como una persona.
Y eso resulta mucho más perturbador.
Porque el Unabomber no apareció mágicamente. No nació siendo el hombre que colocaba bombas. Primero fue un niño, después un estudiante, después un adulto cada vez más aislado y finalmente alguien que decidió convertir sus ideas en violencia.
La película intenta seguir ese proceso.
Y aunque en algunos momentos siento que simplifica demasiado la psicología de Theodore, hay algo que sí consigue: hacer que resulte incómodo observar cómo una persona aparentemente común puede construir una visión del mundo completamente deformada.
También me gustó que la película no convierta su ideología en una simple caricatura. Theodore tenía una crítica concreta hacia la sociedad industrial y tecnológica, pero llevó esas ideas hasta un extremo violento.
Ahí está precisamente la contradicción: una persona puede tener una idea intelectualmente interesante y utilizarla para justificar actos indefendibles.
Entonces, ¿funciona Unabomber?
Sí, aunque no siempre por las razones que probablemente esperaba.
No creo que sea una película perfecta. Hay personajes y elementos de la investigación que se sienten demasiado funcionales para la historia, y algunas conexiones entre el pasado y el presente parecen construidas específicamente para que el espectador llegue a determinadas conclusiones.
Pero hay algo que sí me atrapó:
nunca me pareció aburrida.
Y eso, considerando que conocemos desde el principio el desenlace de la historia, tiene mérito.
No estamos esperando descubrir quién es el Unabomber. Estamos esperando descubrir cómo se convirtió en él.
Y ahí está el verdadero interés de la película.
Porque al final, Unabomber no habla solamente de un hombre que odiaba la tecnología.
Habla de inteligencia, aislamiento, resentimiento, ideología y de la facilidad con la que una persona puede construir una explicación del mundo en la que todos los demás terminan convirtiéndose en el problema.
Y quizá lo más aterrador no sea descubrir que Theodore Kaczynski era un monstruo.
Es descubrir que durante mucho tiempo fue mucho más fácil verlo como un hombre extraño, brillante y aislado que como alguien capaz de convertirse en el Unabomber.




