4.5/5
SPOILERS DE TODA LA PRIMERA TEMPORADA
No tenía demasiada fe en Stuart no logra salvar el universo. Empecé la serie sin saber muy bien qué esperar y, durante los primeros capítulos, tampoco estaba convencido de que fuera a convertirse en algo realmente memorable.
Pero poco a poco me fue ganando.
Y cuando llegué al final entendí perfectamente qué quería hacer la serie.
Porque Stuart no logra salvar el universo no solamente es una historia sobre universos alternativos. Es una serie que utiliza cada uno de ellos para jugar con sus propios personajes, con la cultura televisiva y, finalmente, con la idea misma de que estamos viendo una ficción.
Uno de los grandes aciertos durante la temporada fueron los cameos de Raj, Amy, Penny, Bernadette y la Dra. Lowenski. Lo divertido es que la serie no se limita a meter a los personajes conocidos como simple fan service: dependiendo del universo, pueden ser versiones completamente diferentes de ellos mismos.
Es una especie de juego constante de “¿cómo sería este personaje si las reglas de este universo fueran diferentes?”
Y funciona especialmente bien porque la serie nunca parece demasiado preocupada por mantener una sola lógica.
Tenemos un universo controlado por una inteligencia artificial que parece salido directamente de Black Mirror, hasta el punto de que nuestros protagonistas terminan tomando un curso durante meses para manejar la ira. Tenemos otro donde los humanos evolucionaron a partir de las vacas, probablemente uno de los conceptos más absurdos y divertidos de toda la temporada.
También está el universo donde pueden escuchar los pensamientos de los demás. Y ahí aparece uno de mis momentos favoritos: Berth descubre que Barry Kripke, incluso dentro de sus propios pensamientos, sigue teniendo problemas del habla.
Es una tontería.
Pero precisamente por eso funciona.
La serie entiende que no todos los chistes tienen que estar relacionados con la gran trama. A veces basta con tomar una característica conocida de un personaje y llevarla hasta el absurdo.
Lo mismo sucede con Kripke cuando, en otro universo, termina provocando una revolución en un mundo que originalmente era pacífico y consigue que todo termine en guerra.
Y luego está Gary.
Pobre Gary.
La recurrencia de que Gary muera una y otra vez termina convirtiéndose prácticamente en el equivalente de Kenny en South Park. Ya ni siquiera importa cómo va a morir, sino descubrir cómo van a matarlo esta vez.
Ese tipo de humor recurrente podría haberse vuelto cansado muy rápido, pero la serie consigue utilizarlo como parte de su propio lenguaje.
Hasta ahí ya teníamos una temporada bastante divertida y creativa.
Pero entonces llega el episodio final.
Y aquí la serie se vuelve completamente loca.
Primero tenemos a Flash, en una versión completamente retro, y posteriormente nuestros personajes terminan atrapados dentro de un cómic.
Hasta ahí uno podría pensar que la serie simplemente está llevando su concepto de multiversos cada vez más lejos.
Pero no.
Porque entonces llegan a un universo donde todo es una sitcom.
Y no una sitcom cualquiera.
Los personajes empiezan a darse cuenta de que hay un público. Hay actores. Hay un estudio. Hay una producción detrás de aquello que ellos consideran su realidad.
Y aquí llega uno de los mejores chistes de toda la temporada: los actores incluso agradecen haber tenido público en vivo.
Es imposible no pensar en The Big Bang Theory.
Después de haber visto durante años cómo una sitcom funciona detrás de cámaras, la serie toma ese concepto y lo convierte literalmente en parte de su universo.
Pero lo mejor viene después.
Los personajes pueden ver en tercera persona a los actores que los interpretan.
Y ahí Stuart no logra salvar el universo deja de jugar solamente con universos alternativos y empieza a jugar con la propia ficción.
Porque los personajes ya no solamente están descubriendo que viven en otro universo.
Están descubriendo que son personajes.
Y en lugar de darnos una explicación enorme sobre qué significa todo esto, hacen algo mucho más divertido: simplemente salen a explorar.
La temporada termina con ellos abandonando el estudio mientras nosotros nos quedamos mirando una toma de los estudios Warner.
Corte.
Créditos.
Y yo me quedé pensando:
¿Qué demonios acaba de pasar?
Pero en el mejor sentido posible.
Porque ese final deja muchísimas más preguntas que respuestas. ¿Qué significa realmente ese universo? ¿Quién creó a los personajes? ¿Son conscientes ahora de que son personajes? ¿Pueden regresar? ¿Qué pasa con los demás universos? ¿Y qué implica que hayan salido del lugar donde se supone que debía desarrollarse su propia historia?
No tengo las respuestas.
Y, honestamente, no quiero tenerlas todavía.
Porque ese es precisamente el encanto del final.
Stuart no logra salvar el universo empezó siendo una serie a la que no le tenía demasiada fe y terminó convirtiéndose en una de las sorpresas que más disfruté de esta temporada.
No porque cada capítulo haya sido perfecto, sino porque la serie fue creciendo conforme avanzaba. Cada universo permitía probar una idea distinta y, mientras más avanzaba la temporada, más se atrevía a jugar con su propia premisa.
Y cuando finalmente parecía que ya había explorado todo lo que podía hacer con el concepto del multiverso, decidió ir todavía más lejos.
Salió del universo.
Y nos dejó viendo los estudios donde se supone que todo esto fue creado.
No sé qué vaya a hacer la segunda temporada.
Pero después de ese final, definitivamente quiero descubrirlo.
Porque quizá Stuart no logra salvar el universo nunca trató realmente de salvarlo.
Quizá solo quería mostrarnos qué hay detrás de él.




